Pedrouzo-Compostela. (Galego)

Daquela primeira conversa, unha tarde esperando o ciclon, xurde o primeiro Brujas…

Xa chegamos o Obradoiro. E o fín do camiño. A primeira vez que viñeche meu irmán meteute de costas a catedral e por debaixo dos anteollos vinte chorar. Hoxe, mentras te misturas con Compostela, son miñas as bagoas no fín do noso camiño.

Maña irei a Fisterra, para misturarte co mar que nos unía e nos separaba.

Para Sempre Ilo.

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Pedrouzo- Compostela. (Castellano)

De aquella primera conversación, una tarde esperando el ciclón, surge el primer Brujas…

Ya llegamos al Obradoiro. Es el fin del camino. La primera vez que viniste mi hermano te introdujo de espaldas a la catedral y al volverte por debajo de los anteojos te vi llorar. Hoy, mientras te mezclas con Compostela, son mías las lágrimas del fin de nuestro camino.

Mañana iré a Finisterre, para mezclarte con el mar que nos unía y nos separaba.

Para siempre Ilo.

Arzua-Pedrouzo. (Galego)

Meu abó cantaba: “Cuando salí de Cuba, deje mi vida, deje mi amor, deje enterrado mi corazón”. Era cando fuxía do cotían, mergullabase nos recordos dos tempos felices.

Cos viaxes a infancia é o que pasa, que os teus recordos mesturanse cos recordos dos recordos dos outros, e agora penso que cando viaxo a Cuba, teño tan interiorizados algúns recordos de meu abó, que fago as mesmas comparacións temporais que cos meus recordos. Cando camiño pola Habana, as veces, lembro coma meu abó.

Camiñar pola Habana, acompañada de Hilda e un luxo para calquera, historiadora e según ela, por iso mismo mentireira, ensiñache a cidade misturando gracia,  coñecentos e opinións. Si a Hilda lle engades a compañia de Josiño, é o ano do primeiro Brujas…cando miro esas fotos son diferentes os outros paseos pola Habana; Josiño cos brazos abertos, tal espantallo, querendo controlalo todo. Viaxar con Josiño e como levar un neno, somentes na frescura e o divertimento, no resto valese só.

Lembras Ilo, que intensa a viaxe do 2007. Tamén estaban Bibi e mais Montse. Chegamos, instalamonos, montamos a exposición e ninguén tivo a deferencia de presentarlle a Pancho os convidados que se intalaron na sua casa como si da sua mesma se tratase. ¡¡Qué cousas!! O día antes da fín da viaxe iamos a algures. Hilda, comunicalle a seu pai que queda na casa con Josiño. “Josiño, ¿Quién es Josiño?” Hilda e mais eu miramonos sorprendidas; pero ¿Como?, levabamos quince días na sua casa e os dous xuntabanse para falar e ver algún programa na tele. “Papá, Josiño…el amigo de Mercedes”  “No sé, a mí nadie me lo presento”

Cada vez que viaxo a Habana, sinto que abuso da vosa hospitalidade, pero aquíl día no encontro da mirada con Hilda, sentimos as duas canto abusabamos da confianza e paciencia do doctor Alonso.

Pasaba moitas veces, pero ise ano mais, que Pancho nos topaba no portal as seis da maña, cando saía da casa para o traballo. Era o momento que nós, avergoñados, recolliamos o portal, candabamos o sillons e iamos para a cama, non sempre para durmir ata tarde…posto que a exposición había que montala, as nosas olleiras estaban a altura das vacacións.

As noites de portal, son case todas, e case todas con xente variada, mais ese ano recordo que todos os días nos acompañaba J e a sua dona, e Q, un calatan que estaba alquilado pola esquerda cerca de 48 e parecía mesmamente da familia.  Certo día, que viña un convidado seu a pasar as vacacións, foino buscar o aeroporto en autoestop, o que en Cuba chaman “hacer botella”. Estabamos a falar no portal a que hora chegarían, incluso J falaba de días e a eso das dez da noite, que na Habana e noite pecha, apareceron pola beirarua.

M, un pelirroxo alto e simpatico, sostiña unha pequena maleta detrás de Q. Despois de sacar dela un par de botellas de Rioja e uns embutidos catalans de exquisito sabor, seguimos a troula ata que Pancho un día mais, as seis da maña, saía para o traballo. Entón era sempre o mismo, recolliamos, cerrabamos, candabamos e iamos a cama. Ise día podiamos dormir, estaba todo feito y só quedaba a festa de inauguración.   A iso das nove da mañan oimos barullo na cociña e ai estaba Q, explicando que as oito o seu caseiro entrara na habitación e os espertara apurandoos para que se foran, xa que os avisaran de que ia pasar a policia por non declarar o inquilino. M, suxetaba a sua pequena maleta, mentras observaba como nós, ainda sin dar moito credito o que estaba pasando, riámos detrás de uns parpados hinchados, testigos molestos das noites de troula.

Ilo, espetoulle: Bueno, ahora ya puedes contar que tú primer día de vacaciones te echaron de la casa. E remachou: Si todo sale bien ¿Qué vacaciones son esas?

Arzua-Pedrouzo. (Castellano)

Mi abuelo cantaba: “Cuando salí de Cuba, deje mi vida, deje mi amor, deje enterrado mi corazón”. Era cuando huía de lo cotidiano, se sumergía en los recuerdos de los tiempos felices.

Con los viajes a la infancia es lo que pasa, que tus recuerdos se mezclan con los recuerdos de los otros, y ahora pienso que cuando viajo a Cuba, tengo tan interiorizados algunos recuerdos de mi abuelo, que hago las mismas comparaciones temporales que con mis recuerdos. Cuando camino por la Habana, a veces, recuerdo como mi abuelo.

Caminar por la Habana, acompañada de Hilda es un lujo para cualquiera, historiadora y según ella, por eso mismo mentirosa, te enseña la ciudad mezclando gracia, conocimientos y opiniones. Si a Hilda le añades la compañía de Josiño, es el año del primer Brujas… cuando miro esas fotos…son diferentes a otros paseos por la Habana; Josiño con los brazos abiertos, tal espantajo, queriendo controlarlo todo. Viajar con Josiño es como llevar un niño, solamente en la frescura y el divertimento, en el resto se vale solo.

Recuerdas Ilo, que intensa viaje la del 2007. También estaban Bibí y Montse.  Llegamos, nos instalamos, montamos la exposición y nadie tuvo la deferencia de presentarle a Pancho a los invitados que se instalaron en su casa como si de la suya se tratase. ¡¡Qué cosas!! El día antes del final del viaje íbamos a alguna parte. Hilda le comunica a su padre que queda en casa con Josiño. “¿Josiño? ¿Quién es Josiño?” Hilda y yo nos miramos sorprendidas; pero ¿Como?, llevábamos quince días en su casa y los dos se reunían para hablar o ver algún programa en la tele. “Papá, Josiño…el amigo de Mercedes” “No sé, a mí nadie me lo presento”

Cada vez que viajo a la Habana, noto que abuso de vuestra hospitalidad, pero aquel día en el encuentro de la mirada con Hilda, sentimos las dos cuanto abusábamos de la confianza y paciencia del doctor Alonso.

Pasaba muchas veces, pero ese año más, que Pancho nos encontraba en el portal a las seis de la mañana cuando salía para el trabajo. Era el momento que nosotros, avergonzados, recogíamos el portal, candábamos los sillones y nos íbamos a la cama, no siempre para dormir hasta tarde…puesto que la exposición había que montarla, nuestras ojeras estaban a la altura de las vacaciones.

Las noches de portal, que son casi todas, y casi todas con gente variada, ese año recuerdo que todos los días non acompañaba J. y su mujer, y Q, un catalán, que estaba alquilado por la izquierda cerca de 48 y parecía uno más de la familia. Cierto día que venía un invitado suyo a pasar las vacaciones, lo fue a buscar al aeropuerto en autostop, lo que en Cuba se llama “hacer botella”. Estábamos hablando en el portal sobre la hora a la que llegarían, incluso J. hablaba de días y a eso de las diez de la noche, que en la Habana es noche cerrada, aparecieron por la acera.

M, un pelirrojo alto y simpático, sostenía una pequeña maleta detrás de Q.   Después de sacar de ella un par de botellas de rioja y unos embutidos catalanes de exquisito sabor, seguimos la juerga hasta que Pancho, un día más, a las seis de la mañana, salía para el trabajo. Entonces era siempre lo mismo, recogíamos, cerrábamos, candábamos y nos íbamos a la cama. Ese día podíamos dormir, estaba todo hecho y solo quedaba la fiesta de inauguración. A eso de las nueve de la mañana escuchamos ruido en la cocina y allí estaba Q, explicando que a las ocho, su casero había entrado en la habitación y los había despertado apurándolos para que se fuesen, ya que los habían avisado de que iba a pasar la policía por no declarar al inquilino. M sujetaba su maleta, mientras observaba como nosotros, aún sin dar mucho crédito a lo que estaba pasando, reíamos detrás de unos parpados hinchados, testigos molestos de las noches de juerga.

Ilo, sentencio: Bueno, ahora ya puedes contar que tú primer día de vacaciones te echaron de la casa. Y remacho: Si todo sale bien ¿Qué vacaciones son esas?

Melide-Arzua. (Gallego)

Era un deses días abafantes da Habana.

Xa anunciaran o ciclón e a humedade era un pesadelo. A xuntanza de humidade e calor do Caribe e indescriptible, en algunhas horas do día sentes que che se nubla o entendemento.

Lembro a Ilo, “dandose sillón” que é como os habaneros chaman a avalarse na mecedora, con un refresco na man, daquela ainda non os bebía dietéticos, o lado de Hilda, Chus e Lucía, falaban do “monotema” como se lle chamaba na Habana durante uns anos o feito de falar do goberno e da Revolución.

Testigos directos dunha revolución que quixo cambiar o mundo falaban de leis, que xa non eran vixentes, cando menos peregrinas. Peregrinas dende logo, vistas dende un analise superficial. Vai tú a saber por que estivera prohibido o uso dos vaqueros, en un país onde poñer esa prenda a mais grande parte do ano e un verdadeiro suplicio.

Lembro a Ilo, falar con todo o corpo, dirixindose a min.  “Diversionismo  ideológico”, lo llamaban.

Non recordo ben a hora, pero coido que sería polo serán. A luz da Habana en algunhas horas do día, non se esquece. Ese día o amarelo do serán proxectabase directamente no gris plomo do ceo. O ciclón acercase.

Tamen estaba Y, lembrouseme agora, sentada no tallo que hay pegado no pilar do arco que conforma o Portal. Ela pertencera o exercito, creo incluso que tiña un grado importante. ” Yo me creí el cuento”  Dí, desencantada.

Y, aforrando o diñeiro que gañaba, vendendo o almorzó que  a empresa, o sexa o exercito, lle daba, comproulle un garaxe on vello, co que previamente se tivo que casar para poder ter dereito, despois do divorcio a quedarse co mesmo e convertiuno nun pequeno apartamento xunto ca noiva que tiña daquela.

Só de contalo abafo. Parece unha novela de Dikens, sin embargo os cubanos viveno con certa sorna, una certa retranca heredada de tanto galego que alí emigrou.

Falabades de que vos sentistes enganados, no me estraña. Tamen nos enganaron a nos e tampouco me estraña.

Lucía pasa revista para ter a toda a familia controlada. Ivon chegou do traballo fai un cacho e saé co cabelo humido o portal. Tremendo calor!!!  Acerta a decir. Os rapaces enredan por alí.

Ilo falame de unha exposición só de mulleres que quere facer. Non estou muy a favor de separar, estou mais no de unir, pero non a cuestiono.

Vale. En la Habana Vieja.

E iste o comenzo impreciso de un proxecto, pero sobor de todo, de unha conversa que se prologara mais ala do ciclón.

A humedade e a única sensación perceptible en algún momento. Como unha segunda pel, con unha temperatura distinta a tua.

Algun veciño aventurase a vir ata o portal. Hay unha parella que acaba de chegar que non coñezo.

O ceu vaise escurecendo por momentos e o gris plomo convirtese por veces en un azul aceiro intenso que de tan fermoso, pon medo. O ciclón acercase.

Tento chamar a miña familia para que se oen algo do ciclón sepan que estou ben e a salvo pero o teléfono pasa de mín. Por fín logro mandar unha mensaxe a Josiño e cha me quedo mais tranquila. Ainda hoxe non sei se lle llegou a mensaxe.

O portal queda solapado polas casas veciñas, con muros que saen polas suas veiras.

Chus esta inquieta. Mentras dure a viaxe estamos a dormir ela e eu no apartamento garaxe que agora pertece a Y e a miña amiga Ilo. Esqueceu alí o cargamento de tabaco que necesita para sobrevivir, sabe que o ciclón pode durar un par de días e pregunta si se podera saír ainda para buscalo. Por toda resposta o ceu esborrallase e unha cortina de auga comenza a caer.

Melide-Arzua. (Castellano)

Era uno de esos días asfixiantes de La Habana.

Ya habían anunciado el ciclón y la humedad era una pesadilla. La suma de humedad y calor del Caribe es indescriptible, en algunas horas del día notas que pierdes la lucidez.

Recuerdo a Ilo, “dándose sillón” que es como los habaneros llaman al hecho de mecerse, con un refresco en la mano, en aquel entonces todavía no los bebía dietéticos, a su lado Hilda, Chus y Lucía, hablaban del “mono tema” como se llamaba en la Habana durante unos años al hecho de hablar del gobierno de la Revolución.

Testigos directos de una revolución que quiso cambiar el mundo, hablaban de leyes, que ya no eran vigentes, cuanto menos peregrinas. Peregrinas desde luego, visto desde un análisis superficial. Vete tú a saber por qué estuvo prohibido el uso de los vaqueros, en un país donde poner esa prenda la mayor parte del año es un verdadero suplicio.

Recuerdo  a Ilo, hablar con todo el cuerpo, dirigiéndose a mí. “Diversionismo ideológico”, lo llamaban.

No recuerdo bien la hora, era al atardecer. La luz de la Habana en algunas horas del día, no se olvida. Ese día, el color ambarino, de la tarde se proyectaba directamente en el gris plomo del cielo. El ciclón se acerca.

También estaba Y, lo recuerdo ahora, sentada en el tocón que hay pegado al pilar del arco que conforma el Portal. Ella había formado parte del ejército, creo incluso que tenía un grado importante. “Yo me creí el cuento”. Dice desencantada.

Y, ahorrando el dinero que ganaba, vendiendo el almuerzo que la empresa, o sea el ejercito, le daba, le compro un garaje a un viejo, con el previamente se tuvo que casar para poder tener derecho, después del divorcio al quedarse con el mismo y lo convirtió en un pequeño apartamento junto con la novia que tenía en aquel momento.

Solo contarlo agota. Parece una novela de Dickens, sin embargo los cubanos lo viven con ironía, una cierta retranca heredada de tanto gallego que allí emigro.

Hablabais de que os sentisteis engañados, no me extraña. También nos engañaron a nosotros y tampoco me extraña.

Lucia pasa revista para tener toda la familia controlada. Ivon llego del trabajo hace un rato y sale con el cabello húmedo al portal. “¡¡Tremendo calor!!”, acierta a decir. Los niños enredan por allí.

Ilo, me habla de una exposición solo de mujeres que quiere hacer. No estoy muy a favor de separar, estoy más en el de unir, pero no la cuestiono.

Vale. En la Habana Vieja.

Es este el comienzo impreciso de un proyecto, pero sobre todo, de una conversación que se prolongará más allá del ciclón.

La humedad es la única sensación perceptible en algún momento. Como una segunda piel, con una temperatura distinta de la tuya.

Algún vecino se arriesga a venir hasta el portal. Hay una pareja que acaba de llegar que no conozco.

El cielo se va oscureciendo por momentos y el gris plomo se convierte en un azul acero intenso que de tan hermoso, da miedo. El ciclón se acerca.

Intento llamar a mi familia por si oyen algo del ciclón sepan que estoy bien y a salvo pero el teléfono pasa de mí. Por fin logro mandar un mensaje a Josiño y ya me quedo más tranquila. Aun hoy no sé si le llego el mensaje.

El portal queda solapado por las casas vecinas, con muros que salen por sus esquinas.

Chus está inquieta. Mientras dure el viaje estamos durmiendo ella y yo en el apartamento garaje que ahora pertenece a Y y a mi amiga Ilo. Se olvido allí el cargamento de tabaco que necesita para sobrevivir, sabe que el ciclón puede durar un par de días y pregunta si se podrá salir a buscarlo. Por toda respuesta el cielo se desmorona y una cortina de agua comienza a caer.

Palas-Melide. (Gallego)

Cos recordos, as veces pasa coma cos caixóns; un día colocas calcetíns no caixón dos axustadores por que non che queda sitio no deles, pasa o tempo e segues a colocar calcetíns nese caixón. Os axustadores quedan na zoa non visible do mesmo e pasa o tempo, ata que te esqueces. Por un motivo imprevisto, mesmo unha casualidade, un día os calcetíns volven o seu caixón e recuperas os axustadores esquecidos.

A medida que camiño, pensando nos outros camiños, e coma se as prendas que estaban na zoa escura comezaran a ter, outra vez cor. Ises recordos leves, que soben e baixan, misturados con outros de outros viaxes.   Eslabazanse na medida que camiño. Surxen de improviso, sin que veñan a conto.

Lembro e non me gusta unha vez que chorache por causa miña, dixen algo, que lembro e non quero escribir. Iamos o monte de Canido na tua primeira viaxe a Galiza para un churrasco con uns amigos. Confio en que as risas de despois te fixeran comprender que o que dixen distaba moito de querer ser algo que te fixera mal.

Esa tarde quen mais, quen menos dos meus amigos te ensinaron dende o monte a ría, quen mais quen menos, sentiase orgulloso de aquilo que che mostraba, como si tivera algo que ver na construcción de tal maravilla. O mesmo fixen eu nos primeiros días da túa estanza aquí, subinte o monte Cepudo e insineite a ría; tamen, supoño, ca arrogancia de ensinar “o meu país”.

Aquíl día, cando vaixabamos no I 10 monte abaixo ti dixeches como quen quere a cousa: “Sabes que yo no soi nada chouvinista” Entendín.

Sen embargo logo daquíl día, no monte de Canido, ti fixeche unha lectura renovada de tal feito. “¿Sabes?… Los gallegos teneís orgullo de la tierra que habitaís” E que pouco a coidamos, pensei eu.

Vanse os recordos e volve a paisaxe…o camiño.

A pesares de acusarme de chouvinista namorachete desta terra, como eu me namorei desa. E certo que non somos parte da construcción da paisaxe pero a paisaxe forma parte de nós, formanos tamen o caracter. De feito hai un cómico galego que dí, que os galegos non se sabe si subimos ou baixamos por culpa da climatoloxia, xa que nunca se sabe se chovera.”¿Chovera? Malosera.” Malosera que chova ou que non chova. Ti, por se acaso, leva paraugas.

Estamos chegando a Mélide. Os últimos km son polo sol, a veira da zoa industrial. Lembro unha sesta debaixo doun carballo na Alameda de Santigo de Compostela, no teu primeiro viaxe. “No hay nada como dormir una siesta debajo de un carballo” dijo . Ti riche, eu tamén.   Oinche repetir esta frase moito mais tarde, nas horas de portal. Hoxe E está en Tenerife, vivindo unha vida nova, diferente da que ela planificara. A ela tamén a estafaron pero o camiño sigue,  as veces non se elixe. E  mellor ir liviano.